Un Audi volcó en una zanja en Ruta 7, pero en el auto, no había nadie

Un Audi volcó en una zanja en Ruta 7, pero en el auto, no había nadie

En la madrugada del lunes la semana comenzó con un nuevo accidente vial a raíz de una imprudencia en la Ruta 7. Los bomberos, policías y personal de Tránsito se acercaron al lugar, pero alrevisar el habitáculo, no encontraron a nadie, a pesar de haber rastros de sangre y latas de cerveza.

img_20190211_041358El accidente ocurrió antes de las 4 de la mañana, momentos en los cuales todavía no llovía y recién se acercaba la tormenta eléctrica desde el Suroeste. En el cruce de la Ruta 7 y la calle Ascasaubi, peligroso si los hay, quedó volcado en una zanja repleta de altos pastizales, un Audi A3 blanco que por las huellas en la ruta, habría llegado a ese punto desde el centro de la ciudad.

Se presumía en el lugar que empezó a perder el control pasando los lomos de burro (que ya no se ven en absoluto salvo para el que los conoce) y que a partir de allí, el auto giró hacia la derecha y comenzó a volcar, terminando la maniobra dado vuelta, junto al viejo cartel del cruce y hundido en la zanja que estaba repleta de malezas.

Policías y bomberos exploraron la zona pero no hallaron ningún cuerpo, lo cual era muy extraño, por el punto y la hora. Empezaron a buscar si la patente tenía pedido de secuestro, pero el mismo daba negativo, de modo que si era de un robo, debía ser muy reciente. Adentro del auto habían bebidas alcohólicas, por lo cual podrían ser varias personas.

Sin embargo, el misterio seguía, la tormenta se acercaba y al no haber cuerpos de víctimas, el operativo quedaba solamente con una guardia del vehículo, que debía esperar a la mañana para ver si alguien podía enviar una máquina a sacarlo de allí, cuestión que no parece simple tampoco, por la profundidad. Por lo que se ve, había a poco menos de un metro, una tapa de alcantarillado de metal, elemento que podría haber sido fatal si lo hubiesen impactado, en vez de dar sobre el “colchón” de hierba.

img_20190211_041952Al retirarse la policía y los bomberos, se llevaron papeles del vehículo y partieron para seguir sus diligencias, en el lugar, quedó un agente de Tránsito Municipal, el cual estaba vigilando si podía encontrar entre las malezas algún cuerpo, con temor de que hubiese algún herido que quedara tapado por la frondosa vegetación, la cual debería estar cortada para evitar estas situaciones.

Mientras estaba revisando con la linterna, llegó un VW Gol, el cual conducía un hombre mayor. Al ver el vehículo se agarraba la cabeza. Podía ser uno de varios que pasaron despacio para ver la escena, pero no, era el padre del conductor. El mismo aseveró que su hijo, de 32 años, estaba en su casa con su novia, en buen estado de salud, aunque un poco “alterado”. Algún daño menor tendría él o la joven, ya que en el auto decían haber visto sangre.

Eran las 4:35 de la madrugada, la policía seguía preguntándose qué habrá pasado con el conductor, pero la respuesta había llegado una vez que se retiraron casi todos. El problema del progenitor pasaba entonces a ser “cómo lo sacamos de ahí” y  su lamento, “todavía lo estaba pagando”. Lo cierto, es que más allá del inconveniente de la reparación, lo que debería tener el hombre en cuenta (cuando se le pase el estado de alteración que padecía según el relato del padre), es que él y la novia, están vivos de milagro y que la salida podría haber terminado de manera trágica, tanto para ellos, como para terceros. Mucho más, en ese punto, donde ya se han consumado tantas penosas historias.

Una sociedad que pena la mala suerte, más que la mala conducta

Habrá que ver en sociedad, si este tipo de hechos, que poco tienen de accidentes, son juzgados por el resultado o por la imprudencia, ya que pareciera que depende más de la suerte, que de la responsabilidad.

Muchas veces se cae con gran virulencia sobre el protagonista de un accidente del cual el sujeto no tuvo la culpa (o que decidió mal en milésimas de segundo) y terminó cargando una vida. Al mismo tiempo, no queda responsabilidad alguna sobre quienes cometen graves imprudencias totalmente opcionales, sólo porque la coincidencia no generó una fatalidad. Los accidentes que no involucran terceros, no quedan asentados como antecedente de hechos futuros. De hecho, si no hay heridos de una contraparte, las fuerzas de Seguridad no instan la medición de alcoholemia. Como mucho, queda en una multa.

Esperemos que entonces, la toma de conciencia sea lo que limite tales repeticiones. O quizás, alguien debería proponer tales cambios a la Ley. Que la luz amarilla, sea una sabia advertencia.

Más fotos del vuelco:


Redaccion por Redacción

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