La lección que no aprendemos: el camino a la destrucción de la paz de nuestro pueblo

La lección que no aprendemos: el camino a la destrucción de la paz de nuestro pueblo

Si conocés a uno de los muchos chicos que participaron en las peleas o que mostraron tener armas para usar en algún enfrentamiento, compartí la nota.

Hemos observado una vez más, el despliegue de violencia juvenil que nos abunda. Al cual nos hemos acostumbrado. Qué decir, cuando de más de 10 homicidios anuales, casi todos son por situaciones de riña y no de robo. Tenemos más miedo a morir en un robo que a que nos mate el vecino o el compañero de canchita de fútbol. La creciente normalización del uso de drogas, la “cultura” del reviente y del abuso, de la explotación, de la prepotencia y del “ganar como sea”, nos llevó a un pozo del cual no tenemos idea de cómo salir. Ya es normal la falta de respeto y los adultos se manejan peor que los chicos a veces.

Hoy, cientos de padres tienen miedo DE MANDAR A SU HIJO ADOLESCENTE A LA ESCUELA. Pero nos resistimos a conectar algunas acciones cotidianas, al resultado. Nos enojamos más con el qué dirán que con una denuncia policial. Así estamos. Y de tanto en tanto, a una familia le pasa lo peor y se queda sin nada. Detenida en el tiempo, sufriendo para siempre. Pero ese tiempo pasa y aún no aprendemos.

Así que hagamos un poco de memoria. Y si a un adolescente o uno de sus padres, no les entra en la cabeza que no se juega con la vida propia ni ajena, aquí, el mayor ejemplo que tuvo esta comunidad:

EL 21 DE DICIEMBRE DE 2009 SE HACÍA ESTA REPRODUCCIÓN DE UN VIDEO POR LA FAMILIA DE JOHANA REYES. ¿QUÉ SABRÁN LOS CHICOS QUE MUESTRAN SUS ARMAS DEL SUFRIMIENTO DE UNA FAMILIA QUE PERDIÓ A UN HIJO? ¿QUÉS SABRÁN SUS PADRES?

DOS AÑOS DESPUÉS, EL MISMO DOLOR

A 9 AÑOS DEL CRIMEN:

LA ENTREVISTA CON OLGA, SU MAMÁ, PIDIENDO ENTRAR A DAR CHARLAS EN ESCUELAS PARA CONTAR SU HISTORIA: http://www.lapostanoticias.com.ar/2018/09/19/a-casi-9-anos-del-crimen-de-johana-olga-sigue-pidiendo-dar-charlas-en-escuelas/

Una historia de rivalidades banales, peleas grupales y un “folklore” muy riesgoso

Quien diga que esto empezó ahora, desconoce el pasado de los últimos 20 años del distrito o más. Siempre se supo que había “pica” entre algunas divisiones de escuelas, es una patética muestra de la decadencia cultural con la que criamos y descuidamos los adultos a las siguientes generaciones inculcándoles falsos orgullos, pícaras prepotencias y pesadas cargas emocionales. Chicas y chicos compiten en la adolescencia por un lugar social, pero principalmente por atención. A sus escasos años, los recursos y las certezas son cortos. Muchos, viendo la violencia desde muy cerca como un instrumento de poder, la usan para escalar. Y de allí a armar grupos para ejercerla, no se está muy lejos.

Muchas rivalidades de deportes, clubes, barrios y escuelas, terminaban en casos graves, chicos internados y situaciones traumáticas. Desde bullying negado por autoridades que nunca le daban importancia ni trabajaban desde los “gabinetes”, hasta peleas de grupos que empezaban en una competencia y terminaban tres semanas más tarde en la puerta de un boliche de Luján o en la terminal de colectivos.

No es nuevo. Actuar sorprendidos hoy, sólo es engañarnos.

“PARA QUE ESTOS HECHOS NO SE REPITAN” dice la placa de Johana en la Plaza Martín Rodríguez. El dolor más fuerte para una mamá que perdió a un hijo, sucede cuando ve que otra familia pierde al suyo por lo mismo. Pareciera que tenemos que forzarnos a lo peor para recordar.

El “caldo” existe hace décadas, se viene sembrando y se viene dejando crecer. Ni en los gobiernos pasados ni en este se llegó a abordar apropiadamente la temática más allá de algún taller. Tampoco en los hogares, donde muchos ponen excusas o lavan culpas centrando todo en las autoridades. Estamos todos involucrados y si bien no vale la pena entrar a nombrar casos (sabemos muchos, pero el conventillo no aporta), cualquiera con más de 20 años en el distrito sabe que esto pasaba, sólo que fue aumentando y quizás lo que quedaba en una amenaza hoy se puede llevar a cabo y lo que era una pelea entre dos, hoy es de 20 y con armas. Hoy se pelean en grupo entre chicas, se golpean feo en la cabeza, consiguen armas como si fueran dulces.

Es hora que los actores principales, los padres y las autoridades, dejen de posponer algunas cuestiones sólo para ver quién saca más rédito publicitario o quién se victimiza más que quién, para dejar un momento de lado el idilio de la lucha por el Poder y mirar la desintegración indetenible que está sufriendo nuestra sociedad. Y el que quiera ponerle la fecha de un solo gobierno a esto, está en una necedad absoluta y contribuye a este caos.

La participación y aceptación social es además tan amplia, que los padres están dispuestos a defender a sus hijos a pesar de verlos en un video jactándose de usar armas, antes que recapacitar y asumir que hace tiempo que ni miran qué hacen de sus vidas los menores que habitan en su misma vivienda. En contrapartida, otros padres se pasan la vida poniéndole límites a chicos excelentes. Es el mundo del revés. Es el peor mal argentino, premiamos siempre al que hace mal las cosas, caemos inmediatamente sobre el que intenta hacer algo mejor si se equivoca. No hacemos foco en el aprendizaje, hacemos foco en la culpa. Entonces no aprendemos. Lo hacemos al culpar a un jugador o DT de fútbol, a un político, a un vecino. Lo culpamos y listo. Ya nos sentimos mejor. Ya no hace falta mirar para adentro.

A menudo se hacen conocidos casos de heridos o fallecidos por violencia o accidentes donde más de una vez no queda muy claro si la víctima podría haber sido victimario y dejamos que la suerte decida. Se cae duro sobre quien a priori parezca culpable y se defiende a ultranza a cada víctima a pesar de que haya sido responsable de una inconsciencia. Hace tiempo que dejamos de pensar y nos llevamos por emociones, por momentos, por ese pensamiento “positivista” que pone todo en manos de un Dios o de un Estado que debe hacerse cargo mientras pasamos por arriba de todo. Y cuando nos pasa lo peor, lo primero que nos preocupa es a quién le tiran el costal de la culpa. Como si fueran casos excepcionales.

Todos lloramos a la víctima, pero nunca advertimos a tiempo si juega con su vida o la de otros. ¿Cómo tienen armas los menores? ¿Cómo las consiguen, las guardan, las llevan a la escuela? ¿Nadie en la familia encuentra un poco violentos a los chicos? ¿Les da gracia o indolencia verlos encaminarse a esa vida?

Algún día, los rodriguenses de bien, deberán juntarse para combatir la enorme cantidad de gente que está transformando desde hace muchos años, a este hermoso sitio, en una comunidad cada vez más necia, hipócrita e invivible. Muchos ya han decidido irse. No dejemos que quiten la paz a la ciudad. No hay por qué crecer de este modo y seguir perdiendo vidas por banalidades e imposiciones de gente de mal vivir. No hay por qué forzarnos a seguir sufriendo. ¿Aprenderemos o seguiremos en esta sociedad inmadura e inconsciente de chicos y adultos chiquilines?


Redaccion por Hernan Cohen

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