Golpe fatal al “Duranbarbismo”

Golpe fatal al “Duranbarbismo”

El Gobierno de Macri instaló en el país una manera bastante novedosa de hacer política. En muchos aspectos la modernizó, pero en otros se “colgó” de supuestos intelectuales modernos que apostaron de manera peligrosa por la radicalización de un error que venía del Kirchnerismo: la división de la sociedad, como método de polarización, para ganar elecciones. Lejos de asegurar un éxito, el método terminó siendo la pala que cavó su propia tumba y en el camino, permite la vuelta al poder de aquellos espacios que venía a dejar atrás.

El “Duránbarbismo” (¿o “Peñismo”?) dejó el 11 de agosto de 2019 su último capítulo y con este esquema, queda una enorme lección para la gestión que viene: no se puede hacer un país sólo ganando elecciones y mucho menos, a riesgo de dividir la sociedad para sacar provecho.

Por otro lado, los seguidores de estos esquemas falaces, que sólo toman algunos recursos de la era de la “Big Data”, pregonaban que todo estaba pensado. “Ya vas a ver”, aseguraban. “Todo está perfectamente planeado, dejan libre a Cristina para polarizar y asegurar el triunfo de Macri al final”. ¿Dónde estarán por estas horas aquellos que creían tantas teorías?¿Se sentirán un poco responsables de todo lo sucedido? Al fin y al cabo, si su teoría fuera cierta, serían responsables de varias cuestiones: entrometerse en la justicia y terminar dejando libre a la misma persona que planeaban encerrar por tantos pecados que la acusaban.

Tanto ellos como los que calculan la política leyendo “El arte de la guerra” y otros libros basados en la especulación absoluta y el aplastamiento del oponente como método de sostenimiento del poder, no reparan jamás en los daños que dejan en el ejido social. Eso no es nuevo, ya lo han hecho muchos políticos desde hace décadas, pero los actuales venían de una “racha” donde se exageraron mucho supuestos saberes de analistas “new age” que el domingo y el lunes mostraron la peor cara de la derrota del oficialismo. La de la subestimación del mismo pueblo argentino, una constante insensibilidad del derrumbe económico de miles de personas.

Puede que la lección que dio la sociedad a esos sectores anoche, haya calado hondo y de manera permanente. Nadie es dueño de la cabeza de la gente. La gente vota por uno u otro pero puede cambiar. Ni aún recibiendo su voto se puede dar por hecho que el votante coincide en todo con el candidato. Esto va también para el sector que pinta para quedarse con el futuro de la Casa Rosada.

Ni siquiera los grandes ganadores de hoy, pueden darse por hechos. La gente está agotada y muchas veces vota por despecho o por enojo, más que por amor y convencimiento. Es un buen momento para tomar la promesa de Alberto Fernández, de tratar de trabajar en unir a un pueblo que está y estará por un tiempo, bajo una condición muy precaria, compleja y trabada en lo económico. Habrá que esperar al menos, que en el futuro no veamos una imagen de archivo que mencione que todas estas frases se vuelven una mentira más de campaña, porque ese mismo día, el “virus del sillón” comenzará a socavar las mismas bases que parecen empezar a construirse posiblemente desde octubre.

En cuanto a los fanáticos de cada bando, es hora de un baño de humildad de los de un lado y uno de agua fría del otro. El país no soportará como está, más guerras encarnizadas.  Es momento de concentrarnos en lo que podemos acordar para salir adelante. El primer paso, reconocer los errores. Eso siempre acerca las posiciones. Dejar la discusión inerte, valorar los datos, respetar las opiniones y dejar nuestro deporte favorito: la especulación.

Es hora de volver a ser lo mejor de nosotros. Parece llegar otra era al país, aunque en medio de un nuevo incendio. Un país que siempre queda entre sectores que no dejan entrar mucha novedad, pero así sea un sistema repleto de imperfecciones, es el que hay. Habrá que mejorarlo, hacerlo menos injusto o menos basado en aparatos de recaudar dinero o máquinas de ganar elecciones. Habrá que pesarlo para una participación más directa de la gente, habrá que hacer mil pruebas para dar transparencia y terminar con el abuso de distintos poderes.

Habrá tanto que hacer, que no habrá tiempo para especular. Como país, de acá a octubre y en adelante, hay que dejar de pensar en lo urgente y pasar a lo importante. Con menos vivezas, menos manipulación y más sensibilidad. Menos arte de la guerra, menos 6-7-8 y menos duranbarbismo. Que el país que nazca en diciembre, sea libre de especuladores y fanáticos, o no habrá futuro, salvo el de una patria más pobre, desigual e inmoral.

 


Redaccion por Hernan Cohen

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