Una rodriguense, ex criadora de leones y tigres, defiende al Zoo Luján de las críticas y prejuicios

Una rodriguense, ex criadora de leones y tigres, defiende al Zoo Luján de las críticas y prejuicios

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Se trata de Magalí Massutti, de 26 años, que durante una década trabajó en el predio de Luján por el que, días atrás, se conoció el pedido de inhabilitación que hizo la Defensoría del Pueblo de Buenos Aires a Gobierno provincial por “maltrato animal”. La rodriguense aclaró que “los animales no están drogados” como denuncian distintos grupos y nos mostró la relación con varios grandes felinos en directo. Jorge Semino, director del lugar, invitó a que “les saquen una muestra de sangre” para corroborarlo, ya que dijo que casi nunca se acercan a pedirles una ni a quedarse un día completo en el lugar.

La Defensoría del Pueblo bonaerense pidió semanas atrás al gobierno provincial que inhabilite el zoológico de Luján, tras asegurar que el accionar de las autoridades de ese parque violó la ley al provocar el sufrimiento de los animales expuestos al público. De acuerdo a lo que publicó Télam, el titular de ese organismo, Guido Lorenzino precisó que se presentó un reclamo ante la Dirección de Flora y Fauna del Ministerio de Agroindustria provincial en el que se pidió que se quite al de Luján del Registro Provincial de Parques Zoológicos.

“Observamos animales hacinados o con collares de ahorque con cadenas, como en el caso de los leones y los tigres, que además sufrían stress por el contacto con la gente. Incluso, esta situación era promocionada por las autoridades del zoológico para sumar visitantes”, manifestó Lorenzino. A raíz de esa noticia y de las numerosas denuncias y críticas que recibe el zoológico en relación a que los animales estarían dopados, una rodriguense que trabajó durante más de 10 años en el predio, Magalí Massutti, de 26 años, realizó un descargo en su cuenta de Facebook y manifestó que la gente “habla sin saber el trabajo de socialización que se realiza”. Manifestó que hay gente que saca fotos en verano, de día, cuando los animales están cansados y típicamente están más quietos. Dijo que no tiene problema con que no les guste o piensen en contra del Zoo, pero le parece mal “que se mienta”.

En la visita del medio, nos presentaron a “Natalia”, una tigresa de bengala que lejos estuvo de estar inactiva, pero se mantuvo dócil todo el tiempo, aunque como nos contaban, siempre hay que tener precaución con los movimientos, dado que es tal la fuerza, que lógicamente, una persona se puede lastimar si hay algún movimiento brusco, pero no por ser atacados por ella, que camina indiferente, sino por un juego o error de cálculo de la persona.

Por su parte, el dueño del lugar asegura que el próximo paso debería ser el de conseguir participación de universidades que estudien el trabajo de socialización de animales que llevan hecho en 30 años, “para quitar el prejuicio del maltrato y de que estos felinos son agresivos”.

El descargo de Magalí en Facebook tras ver reclamos:

Junto a Jorge, director del predio, y en diálogo con La Posta, Magalí explicó: “Fue un descargo personal por la gente que critica algo que yo hice durante mucho tiempo. Críticas que no son verdad y sin fundamentos. Siempre respondí con respeto a las personas que piensan de manera diferente, pero llega un momento que cansa que tantas personas que sigan criticando. Quise dejar una marca a favor de lo que se hace acá hace más de 30 años”.

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Hay más de 100 grandes felinos y otros animales de gran dimensión en el Zoo Luján, tienen varias celdas, se los separa según afinidad entre ellos y se trabaja mucho en la sociabilización desde cachorros. Según los criadores, no tienen afán de escape porque consideran sus celdas y campos como “su lugar”, de hecho se los pasa de la celda a otros espacios con una mera cadena de perro, ya que ellos así se mueven, cual mascotas llevadas por la correa.

Sobre sus inicios en el Zoo, dijo: “Yo me sumé a él pero él. Empecé a venir desde muy chica. Mi papá era conocido de Jorge, traía conocidos y gente de barrio. Yo me sumaba a todos los viajes, salía de la escuela y venía sola acá a jugar. Y llegó el momento de empezar a trabajar acá. Es bastante familiar el ambiente acá. Al principio todo lo hacía con mucho respeto a los animales grandes, pero cuando los criás y ves que sigue siendo un cachorro, pero con 100 kilos, perdés todo tipo de miedo”.

Y refirió: “En una de esas veces que vine, como hobby, pedí empezar a trabajar, me dio la primer camada de cachorros y ahí comenzó esa etapa. Igual, cada dos o tres semanas vengo a visitar a esos animales que alguna vez crié. Me esperan y yo también los espero a ellos”.

LP – Jorge, comentanos hace cuántos años está este zoológico, como nació la idea y cómo llevás las críticas sobre que no son expertos, ni biólogos ni veterinarios y tienen un zoológico.

Jorge: El ser humano se resiste a las cosas nuevas. Es muy nuevo lo que hacemos, formamos una relación especial con grandes felinos de 200 kilos, que durante años nos dijeron que eran feroces. Y en estos 30 años hemos demostrado que se han domesticado, son mansos, confiables, podés acariciarlos y criarlos de chiquitos, sin accidentes y problemas. Es lógico que haya resistencia de la gente que no conoce el tema.

Lleva tiempo entender eso, y más, formar el equipo del trabajo. Hay que criarlos de chiquitos, conocer el animal y que el conozca al cuidador. Hay que formar una conexión especial. No hay libros escritos sobre eso, sí sobre caballos, perros, pero no sobre grandes felinos.

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Magalí y Jorge, en el living de la casa, que además de ser el hogar junto a el zoológico, también alberga un museo de tractores y autos antiguos. En la casa sobran fotos de las visitas a canales de TV y de visitantes al zoológico, al cual catalogan de “reserva”, más allá del nombre. Aseguran que en el exterior, muchos admiran los resultados que han logrado con muchos animales.

La gente piensa que el animal está drogado. Los invitamos a que le saquen sangre y hagan el análisis. También hay resistencia porque la gente quiere que estén libres, en su hábitat. Este zoológico es un centro de rescate, la mayoría de los animales que tenemos son rescatados de una situación de vida bastante difícil. Los circos han dejado todos los animales cuando dejaron de trabajar. Pumas, leones, chimpancés. Hace falta mayores y mejores espacios, eso pasa en todos los zoológicos. Y llevarlos a un santuario es difícil, no es tan fácil trasladar tan grandes animales, menos a felinos de 250 kilos que se comen 10 kilos de carne por día, cada uno.

Es toda una estructura para sostener este lugar, gente trabajando, costos que los afronta únicamente la entidad, no hay subsidios ni ninguna ayuda gubernamental. El Estado sólo hace cumplir las obligaciones que tenemos como habilitaciones municipales, provinciales, nacionales e internacionales. Algunos de estos animales han venido de otro país, tenemos tigres blancos de España, elefantes de Indonesia.

Policía, Gendarmeria, Prefectura, nos traen animales continuamente: mono, nutrias, víboras, etc. Hemos recibido caballos maltratados, perros, lobitos marinos. Cumplimos una función social, aunque a alguna gente no le guste. Además, aquí, se hace equinoterapia gratuita para chicos con capacidades diferentes. Hay empresas que nos donan medicamentos y que son padrinos de esta entidad. Profesionales que nos donan sus servicios. Y hay gente que no nos cree una palabra, y bueno, los invitamos a que vengan y que vea que está todo reglamentado y los animales muy controlados. Los zoológicos tienen que tener un biólogo y un veterinario a cargo que se ocupen del bienestar de los animales y los tenemos.

LP: Si pudieras mejorar algo, ¿qué sería?

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Natalia es una tigresa de bengala que tiene 12 años. Durante la entrevista, estuvo caminando por la casa, acostumbrada a sus espacios, se dejó acariciar y comió pollo y algunas plantas, además de tomar leche de una mamadera que le dio el criador de osos, que también trabaja con varias especies más.

J: A raíz de las críticas, que se habla de que llevemos a los animales a un santuario. Nos gustaria hacer una reserva tres veces más grande que el zoológico actual. Sería bueno darles más espacio, pero la libertad total es imposible. Porque hoy no hay lugar donde soltarlos sin que mueran, los cacen o los maten otros animales. No puedo soltar un tigre de 20 años porque lo pueden matar incluso otros tigres o leones o un cazador. A costo propio hemos hecho una reserva grande de más de 100 hectáreas en Entre Ríos donde trabajamos hace más de seis años por el tema de permisos, porque no es fácil conseguir permisos y habilitaciones para trasladar animales de una provincia a otra. Queremos que quienes nos critican tambien piensen en ayudar. Hoy nos traen animales y no los podemos rechazar, pero ¿a dónde podrian llevarlos? Funcionamos como centro de rescate.

LP: ¿Y cómo hacen con esos animales? Porque no es lo mismo cuidar un león que una boa o un loro…

J: Hay que formar primero el grupo humano porque hay que tener mucha dedicación. Hay que darles de comer, levantar la caca, llevar la calefacción cuando hace frío, el agua limpia. Esto no es para gente que no le gusten los animales. Hay que coordinar mucho la logística: hay camiones que va al campo a buscar animales que mueren en el campo para darles de comer a los tigres, frutas y verduras al Mercado Central. Para ayudar con los animales.

LP: ¿Cuántas familias viven de esto?

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Natalia se subió a la cama de la casa, uno de sus espacios predilectos. Allí despedazó una caja de cartón cual gato juega con una pelota de hilo. Hubo que cambiarle la caja rápido para que no rompa el cubrecama, pero ella se bajó luego y se fue a continuar su paseo interno. Espera cría para los próximos días y ya tuvo cuatro veces. Los nuevo felinos se sumarán a otro grupo de pequeños tigres de 15 días que pudimos sostener en las manos durante la charla previa a la entrevista.

J: Hay aproximadamente 60 familias que viven de esto. Hay taxistas que traen turistas, hoteles que también los traen. En forma directa e indirecta es una fuente genuina de ingresos para más de 300 familias y de divisas para el país.

LP: Magalí, hace un rato tuve la posibilidad de conocer a Natalia, una de las tigresas que has criado aquí. ¿Que te pasa cuando la gente dice que están drogados? ¿Qué señales indican que en realidad no es así?

M: Genera bronca e indignación. Me he quedado seis o siete meses criando a una leona, viviendo acá en el Zoológico. Es tiempo de tu vida que has dedicado al animal. Si un animal está drogado un día, dos días, tres días, el animal no resiste en algún momento. Además eso de drogarlos es un riesgo muy grande porque puede reaccionar mal. Acá la gente puede pasear con los animales, darles de tomar leche de la mano. La gente que viene con el pensamiento de que están drogados, es muy difícil que cambie su forma de verlo por más que se lo expliques.

En ese tiempo que trabajé, se le ha dado la posibilidad a la gente que critica de sacarles sangre a los animales y compartir tiempo para que vean como los criamos, momentos que no se le permite al público en general. De todas las invitaciones ha venido sólo el uno por ciento a hacer eso.

J: Queremos llegar a un acuedo con una universidad para un estudio de los logros y para cambiar un poco la mentalidad de la imagen que tenemos de los leones y tigres sobre que son muy feroces. Criados desde chicos no lo son tanto. Son más seguros que un perro, porque el perro tiene un sentido territorial muy grande y se hace dueño de ese territorio. El tigre, el león, cuando son mansos y se acostumbraron el ser humano, no sirven para guardia, les permite el paso a cualquiera. Es más confiable en ese sentido.

LP: Igualmente, aclaremos, que esto no significa que está bien tener tigres en los hogares…

J: No, lo decimos sólo desde el carácter. Requieren un lugar preparado y gente preparada. En sí, hoy el zoologico funciona como centro de rescate, defendemos especies con peligro de extinción, como la reproducción propia y crianza de cebras, que en algunos países tienen problemas.

LP: ¿Hay contacto con grupos que critican y hayan venido y cambiado su postura?

J: Han venido organizaciones que son fundamentalistas en cuanto a esto y han cambiado su parecer, pero obviamente nos piden más espacios. Yo siempre digo que nos acerquen propuestas, que pensemos formas de mejorar. Por suerte hay empresas que nos ayudan y colaboran. No contamos con subsidios pero entendemos que ellos tienen prioridades para hospitales y cosas más importante.

LP: ¿Cuánta gente viene a visitar al Zoo que sean de Rodríguez y Luján?

J: La que más recibimos de la zona es la gente que no puede pagar la entrada. Gente de barrios y escuelas de la región. Lo tenemos muy abierto, nos llaman y coordinan y pueden venir. Hay chicos que sino no tienen posibilidad de conocerlos.

M: Mi mamá trabaja en Casa del Niño que es una dependencia municipal de Rodríguez y dos veces al año trae a los chicos.

LP: ¿Hay algo que quieren decirle a la gente que quizas tenga dudas o también críticas constructivas?

M: Que abran la mente, que escuchen, lean y que vengan a conocer el Zoo, para ver que lo que dice un sitio de internet sobre un animal es tal cual lo que sucede acá. Si un animal es de hábito nocturno, durante el día va a dormir y a la noche va a estar más activo. Si ves en internet que un tigre puede estar junto a un perro, puede suceder del otro lado del mundo y acá también.

J: Si la gente quiere colaborar, ayudar, consultar, preguntar. Estamos abiertos a todos.

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