El 17-A fue la marcha (en autos) de mayor convocatoria de la oposición en Gral. Rodríguez

El 17-A fue la marcha (en autos) de mayor convocatoria de la oposición en Gral. Rodríguez

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Este año hubo tres convocatorias de manifestación en contra de políticas del gobierno de parte de la oposición y sectores afines durante la cuarentena, la del lunes 17 fue la más nutrida de todas, aunque hubo mayor amplitud respecto de los reclamos y su diversidad. En algunos puntos se cruzaron vecinos con insultos.

Desde las 16 horas comenzó en gran parte del país una caravana de vehículos con vecinos que en cada ciudad se convocaron en distintos puntos para empezar un “bocinazo” con un grupo de consignas en contra de varios aspectos, algunos de los cuales eran primarios y otros eran parciales dependiendo de a quién se le consultaba.

En principio, un grupo encabezado por muchos dirigentes reconocidos de Juntos por el Cambio se agrupó en España e Hipólito Yrigoyen (frente al busto de Alfonsín), primordialmente el grupo de Pin-Polverini (concejales). Otros se convocaron en la Plaza Martín Rodríguez, como la edil M. Laura Coratti (hubo presencia diversa, con algunos militantes reconocidos e históricos). Además de estos dirigentes se supo que estuvieron en esos puntos Gustavo Cuello (Presidente de la UCR), Santiago Nino (UCR), Isabel Domecq (PRO), Laura Berrondo (Presidente de la Coalición Cívica), Ariel Martínez (PRO) y Javier Costalonga (UCR). Seguramente muchos más.

Por otro lado, habría existido una convocatoria de un grupo incipiente de “Libertarios”. Más allá de esto, casi todos los consultados coincidieron en que eran muchos los vecinos “no militantes” que se sumaron en esta oportunidad y que antes no habían asistido. Muchos no fueron, pero salieron a la puerta de la casa para arengar.

Recorrido “picante”

En algunos lugares, en el largo bocinazo (duró más de una hora), tuvo encontronazos en la calle con vecinos y militantes del oficialismo que les reclamaban a los manifestantes que volvieran a sus casas o que estaban poniendo en riesgo la salud. En algunos puntos intercambiaron insultos y chicanas. Lo cierto es que casi en la totalidad, la gente no salió de los autos, de modo que al menos en nuestro distrito, no habría un riesgo mayor como el que sí daría una aglomeración de personas.

Lo que sí generaba un poco de confusión era el tema de lo difuso de los reclamos, ya que algunos participantes hacían hincapié en temas de la cuarentena (su extensión, la economía, falta de controles, situaciones del sistema sanitario, etc) y otros se enfocaban en otro tipo de políticas, casi todas nacionales y definiciones del presidente y la primera plana sobre intentos de cambios en la justicia, liberaciones de detenidos e iniciativas de expropiaciones. A nivel local, no parecía haber una definición exacta esta vez. Es lógico también, a mayor participación, más difícil la definición.

Editorial: Una grieta que, por forzar grises, alienta a los extremos

Desde hace ya demasiados años que el país se divide, por turnos, entre falsas diatribas y un “efecto péndulo”. Esto pasa porque desde los distintos puntos hay una constante búsqueda de una salida “urgente” de cada crisis a través de forzados razonamientos sectarios, impositivos, poco abiertos a planteos externos y repletos de definiciones sesgadas, simplistas y de contrastes extremos.

Con una dirigencia que en los primeros espacios juega al show y las indirectas chabacanas, que en los extremos se resiste a la autocrítica y evita oir matices, sin cuestiones definidas de largo plazo y atadas a las necesidades urgentes de los gobiernos de turno, la gente se acerca cada vez más al hastío. De los límites de ese hastío surgen movimientos mucho más extremos, que vienen ganando espacios entre los vecinos cansados.

Más allá de algunos principios contundentes lógicos de cada partido o movimiento, hay muchos temas que podrían sugerir alternativas viables que contemplen miradas diversas y un acompañamiento más plural, pero estos intentos chocan siempre con la elaboración de discursos de odio o desconfianza, a veces basada en hechos y otras en llanas especulaciones y mentiras, muchas, reproducidas tanto desde medios de comunicación como de espacios militantes o rentados para tales fines.

Mientras estos espacios “tiran de la soga”, el debate público se extingue y ya nadie puede debatir una idea porque mucho antes de que se plantee, ya hay un prejuicio, un color, una remera o una bandera, un color de pelo, una edad, un género, un modelo de auto, un barrio de procedencia, una concepción prestablecida durante mucho tiempo, que impone y da bajada a una sola idea, de modo que la posibilidad de sacar algo en común para construir, se derrumba.

Seguramente la gente puede encontrar puntos intermedios y puede entenderse en algunos temas usando aportes útiles de todos, pero obviamente, hay muchos que priorizan la victoria en la chicana, por miedo a perder algún apoyo. De este modo, la idea de “comerse al caníbal” es cada vez mayor, aquellos grises que antes hablaban ya ni se animan a dar opinión y al final de cuentas, ya no quedan aportes. En el mundo del “todo o nada”, en general, es “nada” de visión, “nada” de claridad y “nada” de respeto. Mucha de la gente que entró en este “odio” no es de odiar, pero la impotencia de no poder expresar “su gris”, los lleva a extremarse para contrastar con quien trata de opacarlo o prejuzgarlo. Al final, todos parecemos caníbales.

El país y también algunos sectores de nuestra ciudad abren en ocasiones una “caja de Pandora” que nos lleva a perder mucho tiempo útil, que no identifica las verdaderas urgencias que tenemos como comunidad y que incluso podría abrir el juego a expresiones más totalitarias de las que están hoy. ¿Les suena Trump o Bolsonaro?.

Es un momento del mundo y del país para salirse un poco de los extremos, de la opinión exacta o bajada y de abrirse a la diversa, no para una sumisión, sino para un intercambio que sea más proclive a la participación y no únicamente al repudio y los discursos donde “nosotros somos buenos” y “los otros son los malos”. Quizás ese día no tenga tanto miedo a pensar un poquito en algo, como el de la vereda de enfrente, que es su vecino.

Así que mejor, no se insulte, así cuando termine esta Pandemia, mate o té de por medio, podemos volver a construir un país que seguramente tenga mucho trabajo por hacer para salir de una situación que será dramática. Hay muchos militantes que se dan cuenta de lo que pasa dentro de sus espacios, es un momento para ser valientes y hacer los planteos internos para bajar la espuma. Por suerte queda aún mucha gente que es capaz y de ellos depende no esperar sólo signos de la plana dirigencial, muchas veces especuladora.

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