Sociedad Necrológicas 8 SEP 2022

Homenaje a un médico muy querido en General Rodríguez a 5 años de su muerte: su historia

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La familia de un reconocido Diabetólogo tras iniciar charlas con el Museo Histórico Municipal, realizará un homenaje en el Polideportivo este viernes.

El acto de homenaje se llevará a cabo a las 17:30 horas en Av. 25 de Mayo y Alem, donde se procederá a plantar un árbol en memoria del Dr. Ángel Alberto Morán.

El reconocido médico, que tenía 68 años de edad, falleció el 26 de Septiembre de 2017 en la provincia de Catamarca. Fue encontrado en la habitación del hotel donde se alojaba y su deceso se produjo por problemas cardíacos.
Se recibió como nutricionista y ejerció en diversos centros de salud. Se destacó por su gran calidad de atención, su buen humor y sus explicaciones accesibles a todos, lo que le valió un gran reconocimiento.

Se podía comprobar su sacrificio por la atención médica al ver su compromiso social en actividades por fuera de su agenda, como las que realizaba con El Club de Leones de mediciones de glucosa y controles gratuitos.

Link del enlace de la nota de su fallecimiento: https://www.lapostanoticias.com.ar/2017/09/27/fallecio-un-reconocido-medico-rodriguense/

Su historia de vida

Ángel Alberto Morán nació en la zona de General Villegas, exactamente en Elordi, el 23 de junio de 1949. Fue en esas tierras donde vivió solamente 9 años. Era el 2do hijo de Cruz Angel Morán y María Peralta, ambos nacidos y criados en Elordi. Ahijado de Raúl Zapata, nacido en San Luis, y de Tranquila Zanny de Zapata.
Su educación comenzó en la Escuela Nº 5 de ese pueblo, Margarita del Campo fue su maestra de 1º Inferior y Maria Ilastorza de Fasciolo era la Directora en ese momento.
Sus viajes diarios a la escuela eran a caballo con su hermano mayor, Roberto Mario Morán, al que apodaban Rulo.
Con su hermano más chico, Horacio Humberto Morán compartió toda su niñez.
Su madre tuvo el mérito y coraje de decidir partir a la ciudad de General Rodríguez, Provincia de Buenos Aires. Más precisamente, fue en el barrio la Fraternidad donde fijó su domicilio.
Realizó gran parte de sus estudios primarios y secundarios en el Instituto Martín Rodríguez (Mixto), además de otros establecimientos de Luján y Moreno.
Uno de sus trabajos más recordados por él fue en una despensa muy conocida de General Rodrígue llamada: "Turón", donde juntaba moneda tras moneda para cumplir un sueño que tenía desde chico: "Ser médico".
Todo su sacrificio, esfuerzo y perseverancia con el tiempo dieron sus frutos. Ingresó a la Universidad y no sólo se recibió de nutricionista, sino que luego se convirtió en médico clínico egresado de la Universidad de Buenos Aires. Más tarde se especializaría en diabetología.
Ejerció en diversos centros de salud como la Clínica Güemes de Luján, el Hospital de Luján y de Rodríguez, entre otros.
Su último trabajo era en su consultorio particular ubicado en la calle Moreno 638 en General Rodríguez y realizaba guardias en la Hospital Nacional Dr. Manuel A. Montes de Oca en la localidad de Torres, Luján.
Estaba casado desde enero de 1982 con Amelia Azucena Chiminelli y tuvo dos hijos, Maria Noelia Morán y Diego Alberto Morán.
Falleció a los 68 años por un problema cardíaco, el martes 26 de septiembre de 2017 cuando se encontraba hospedado en un hotel céntrico de San Fernando del Valle de Catamarca.
Fue una figura prominente en la comunidad, donde trabajaba incansable y constantemente.
A lo largo de su extensa e intensa trayectoria se convirtió en el médico personal de innumerables vecinos a través de varias generaciones, quienes depositaban en él, su absoluta confianza.
Aunque de discreto perfil social, no dudaba en acudir, generosa y desinteresadamente, a donde fuera convocado para enseñar y difundir la prevención del terrible drama de la diabetes.
De una trayectoria impecable, de valores y virtudes en absoluto honorables; de cualidades y calidades humanas pocas veces vistas; fue más que un médico de cabecera, siendo, además, sabio consejero, contenedor y acompañante de sus pacientes, con quienes gustaba mantener largos diálogos.
A sus valiosos conocimientos médicos, les agregaba su criterio, sentido común y sensatez; su discreción, respeto, amabilidad y una predisposición a escuchar y atender a sus semejantes notabilísima.
Viajero incansable e infatigable, de hecho, la muerte le sorprendió en uno de ellos, tenía no solo pasión por su profesión, sino por conocer, aprender y disfrutar de alejados países y culturas.
Estas circunstancias no lo alejaban, por cierto, de las problemáticas sociales y políticas de General Rodríguez y del país, sobre las cuales también gustaba reflexionar.

 

 

 

 

 

 

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