Matías Chamorro tiene 43 años, es marplatense y ya en 2024 unió "La Feliz" con General Rodríguez en bicicleta para visitar a su mejor amigo, Matías Ruscolo, por su cumpleaños. Pero este año fue por más: unió su ciudad con este distrito caminando. Todo sea por la amistad y por cumplir desafíos, algo a lo que Matías está acostumbrado
En diálogo con La Posta! Noticias y consultado sobre qué lo motivó esta vez a emprender semejante aventura y cómo fue su itinerario, Matías señaló: “normalmente me preguntaban en ruta si era alguna promesa o algo, la verdad que no; le había dicho a mi amigo solamente que iba a venir caminando y justo tengo todo enero libre, entonces me decidí a venir”, agregando que hizo “toda la Ruta 2, salí del kilómetro 400 en Mar del Plata, llegué hasta el Cruce Etcheverry que más o menos es el kilómetro 60, después hice la 215 que son 2 kilómetros y medio hasta a la autopista 6 y de ahí hasta un poco antes de Acceso Oeste que es la 24 que ya llega General Rodríguez”.

Ante la pregunta de si sufrió algún contratiempo, incluso usando sus palabras de que tiene “cero entrenamiento”, aclaró que “realmente no, es más, pensaba hacerlo en más tiempo todavía, en unos 20 días. Salí el domingo 4 de enero y llegué el martes (20); hubo un solo día que no caminé por tema de lluvia, después no me agarró lluvia en el camino ni nada por el estilo. Así que todo más que perfecto porque llegué cuatro o cinco días antes”.

Sobre su rutina diaria, casi que una disciplina que se trazó, sostuvo que “cada día, a las 4 de la mañana me levantaba, desayunaba y desarmaba la carpa. La mayoría fue todo carpa, creo que 1, 2 días en casa de unos amigos como en Vivoratá y antes llegar a Las Armas. El tema es que acomodaba todo otra vez en el carrito y a las 5.30 esperar que sea bien de día para salir a la ruta. Siempre a contramano, chaleco reflectivo, salvo en algunas partes que había niebla y que había que salir un poquito más tarde, 6 de la mañana. Según el pueblo, había veces que se caminaba 30, 35 hasta 40 kilómetros”.

Matías dijo que la experiencia fue muy linda, “espectacular”, indicando paradójicamente que “a mí no me gusta caminar, pero es como que se te cambia el chip; yo le había dicho a mi amigo que iba a venir y lo hice”. Agregó que no sabía si iba a llegar o no, porque tiene un menisco de la pierna derecha roto y se tiene que operar, “pero me largué y pasando los días fui estando mejor hasta no tener ningún dolor”.
Dijo que recomienda la experiencia única de “caminar, caminar y estar con vos mismo, es algo muy lindo”.

Al consultarle sobre el carro donde ponía sus enseres, comentó que se lo armó un amigo y que en la parte de adelante sacrificaron una bicicleta “y pusimos en la parte del manubrio como para girar unas tiras y un cinto, que ese me lo pongo yo y voy caminando directamente, el carro va copiando lo que hago. Adentro hay una conservadora grande con mucha agua y todo lo que se necesita para el camping (marmita, plato, cuchillo, tenedor, alimentos, caldo, té, yerba mate)”, además de ropa “yo traje tres zapatillas (“cada dos horas hay que cambiarse las zapatillas, cambiarse las medias porque en este caso nuestros pies son el motor, cuidarse de que no se te hagan ampollas”); remera, campera”.
“Cuando hacía mucho calor, caminaba hasta la una de la tarde y después esperaba hasta las 16 o las 17 para seguir”, explicó.
Para conocer más detalles sobre la proeza y el culto a la amistad, el Facebook es Matías Chamorro y el Instagram: matíaschamorro948

Por último, sobre los kilómetros caminados, el marplatense contó que fueron unos 485… Un espíritu incansable, tenaz, que pone a la amistad por sobre todas las cosas. Y, parafraseando al cantante español Joan Manuel Serrat, para el caminante Matías no hay camino: se hace camino al andar.


