Científicos del CONICET y la UBA han desarrollado un filtro de bajo costo que logra reducir drásticamente los niveles de arsénico en el agua, cumpliendo con los estándares internacionales. Este hito científico se presenta como una solución accesible para miles de vecinos bonaerenses que conviven con la incertidumbre sobre la potabilidad de sus napas
La ciencia argentina ha dado un paso fundamental para resolver una de las problemáticas sanitarias más persistentes de la provincia de Buenos Aires: la presencia de arsénico en el agua de consumo. Investigadores del Instituto de Física de Buenos Aires (IFIBA), dependiente del CONICET y la UBA, desarrollaron un material filtrante innovador compuesto por carbón activado modificado con sales metálicas y un polímero comestible. Este avance no solo representa un logro académico, sino una esperanza tangible para comunidades como la de General Rodríguez, donde el acceso a agua segura ha sido un tema de preocupación constante.

El potencial de este desarrollo trasciende la eliminación del arsénico, ya que las pruebas de laboratorio indican una alta eficacia para remover simultáneamente otros contaminantes críticos como bacterias, virus y hongos, además de residuos de antibióticos, herbicidas como el paraquat y pesticidas como la atrazina. Esta versatilidad lo convierte en una herramienta integral de protección sanitaria para toda la región, adaptándose no solo a filtros domiciliarios de mesada o jarras purificadoras, sino también a sistemas de filtrado industrial y tanques de almacenamiento comunitario en zonas con acceso limitado al agua potable.
Un aspecto técnico fundamental que destaca la minuciosidad del proyecto es su validación bajo la normativa de la ANMAT. Durante los ensayos, se utilizó un dispositivo diseñado específicamente para medir el rendimiento a un flujo de 500 mililitros por minuto (capaz de llenar una botella de un litro en apenas dos minutos), logrando tratar con éxito al menos 8.000 litros de agua. Este nivel de eficiencia asegura que el material pueda responder a las demandas diarias de una familia tipo sin perder su capacidad de reducir concentraciones de 100 partes por billón (ppb) a menos de 10 ppb, cumpliendo con creces los límites recomendados internacionalmente.

Además, el sistema es notablemente autónomo, ya que no requiere consumo de energía eléctrica para su funcionamiento, lo que facilita su implementación en áreas rurales o comunidades vulnerables donde la infraestructura eléctrica es inestable. El dispositivo se destaca por su versatilidad y eficiencia, permitiendo que el agua pase a través del material de relleno y salga purificada de manera inmediata y segura para el consumo humano.
Silvia Goyanes, líder del proyecto, explicó que se trata de un material de relleno que podría reemplazar al carbón convencional en filtros comerciales, sumando propiedades magnéticas que permiten detectar cuándo el filtro se ha agotado.
Finalmente, el material posee la ventaja estratégica de ser reutilizable; a través de un procedimiento sencillo, es posible desorber el contaminante retenido para volver a poner el filtro en funcionamiento sin que pierda su capacidad de limpieza. Actualmente, el equipo científico se encuentra en la búsqueda activa de empresas o inversores interesados en escalar este desarrollo industrialmente, con el objetivo de que el impacto social positivo se traduzca pronto en una disponibilidad comercial masiva para toda la región afectada por el arsénico.
El fantasma del "Alerta Rojo" y la controversia del Mapa del Arsénico
Este avance científico llega en un momento de gran sensibilidad para los vecinos de General Rodríguez. La ciudad quedó en el centro del debate público cuando el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) publicó una actualización de su "Mapa del Arsénico", ubicando al distrito en una situación de "alerta rojo". Según aquel relevamiento, se detectaron concentraciones de hasta 67 ppb en la zona, superando los 50 ppb permitidos por el Código Alimentario Argentino.
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La noticia generó una alarma inmediata debido a los riesgos asociados a la exposición prolongada a este elemento, como el desarrollo de Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), lesiones cutáneas y diversos tipos de cáncer. Sin embargo, poco tiempo después de la difusión de estos datos, surgió una fuerte desacreditación oficial sobre la metodología utilizada por el ITBA.
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El Consejo Hídrico Federal (COHIFE) desautorizó el mapa, alegando una "falta de rigor científico". Los organismos oficiales cuestionaron que las muestras fueran aportadas de manera voluntaria por particulares, sin protocolos de muestreo, trazabilidad ni verificación de campo. A nivel local, el Director de Política Ambiental, Germán Tamagni, también buscó llevar tranquilidad señalando que los puntos analizados en el distrito correspondían a agua de pozo y no de red, la cual, tras ser filtrada, debería cumplir con los parámetros de consumo.
A pesar de las disputas metodológicas, la realidad geológica del territorio bonaerense indica que el arsénico es un componente natural histórico de las napas. Por ello, el desarrollo de esta nueva tecnología del CONICET no solo cierra una brecha de desconfianza, sino que empodera a los ciudadanos con una herramienta barata, eficiente y validada científicamente para proteger su salud. El equipo de investigación se encuentra ahora en la búsqueda de inversores para escalar la producción y que estos filtros lleguen finalmente a las cocinas de toda la región.
Fuente: Conicet


