El adiós a un vecino rodriguense que se convirtió en "héroe" para sus hijos: su emotiva historia
Tras su partida a finales de enero, la familia de Juan Thompson, vecino de barrio Parque Irigoyen, decidió rendirle un especial homenaje a través de La Posta Noticias. Chofer de larga distancia de toda la vida y padre que asumió con valor la crianza de sus cuatro hijos, dejó un legado de servicio, alegría y amor por las rutas y la pesca
El pasado 27 de enero, a los 56 años, falleció Juan Thompson, un vecino que durante 14 años formó parte de la comunidad de General Rodríguez, viviendo en el barrio Parque Irigoyen. Su partida, producto de un infarto terminal debido a un corazón que ya se encontraba sensible, dejó un vacío inmenso en sus cuatro hijos (Matías, Lautaro, Lucía y Ludmila Thompson) y sus tres nietos, Tamara, Loan y Tobías. Sin embargo, el tiempo no ha borrado su ejemplo, y hoy su familia elige recordarlo por la calidad de persona que fue.
Para sus hijos, él no fue solo un padre; fue quien "la luchó solo para adelante" cuando la vida se puso difícil. Su hija Lucía, en una charla con La Posta Noticias, lo definió con una palabra que resume su sentimiento: "él nos cuidó en toda nuestra adolescencia. Era papá y mamá, literal... por eso para nosotros es un grande nuestro papá, es el héroe".
Su vida estuvo marcada por el asfalto y los viajes. Durante muchos años trabajó para la "vieja" Chevallier y su último tramo laboral lo desempeñó en Transportes Mario Gargiulo como camionero de larga distancia. Su pasión por la ruta era tal que, a pesar de estar cerca de la edad de retiro, se resistía a dejar el volante. "Él era feliz en la ruta, se tenía que jubilar y siempre ponía un pero porque no quería bajarse", recordó Lucía.
Más allá de su profesión, su personalidad era la de alguien que siempre buscaba la unión. Le encantaba pescar, viajar, cocinar y, sobre todo, comer en compañía. "Siempre ponía una excusa como para juntarnos a toda la familia", relató su hija a este medio. La joven también destacó su espíritu solidario, algo que lo hacía destacar entre sus colegas y amigos: "él era súper agradable, siempre estaba al servicio de los demás... Si veía a un amigo parado en la ruta, paraba, ayudaba a todo el mundo siempre. Lo que le destacaba a mi papá es el servicio".
Incluso en los momentos más complicados, este vecino rodriguense mantenía una actitud positiva que contagiaba a los suyos. Su hija lo recuerda como una persona "charlatana" a la que le encantaba hablar con todos y que "estaba siempre alegre, a pesar de que si era un momento difícil, siempre contaba un chiste o decía algo para alegrarnos".
Hoy, sus restos descansan en el Jardín de Paz, camino a Luján. A pesar del dolor de la pérdida, su familia encuentra consuelo en la esperanza de un reencuentro y en la certeza de que vivió la vida que deseaba. "Saber que vamos a poder volver a ver a nuestro papá así, alegre y feliz como se fue, porque él literal hizo todo lo que siempre quiso", concluyó Lucía, reafirmando que el homenaje que hoy le rinden es el reflejo de una vida dedicada a los demás y a sus seres queridos.
A este profundo sentimiento familiar se sumaron las palabras de su yerno, Carlos Filho, quien a través de sus redes sociales compartió un mensaje cargado de gratitud y respeto. En su posteo, destacó no solo el vínculo de "padre e hijo" que construyeron, sino también la gran admiración por la fortaleza con la que este vecino crió a su familia y el legado de fe que dejó en todos ellos. A continuación, sus palabras textuales:
Aun resuenan en mi mente cuando me llamaste para conversar y dijiste que tendríamos una entrevista padre-hijo días antes de que Lucía y yo nos casáramos. Dijiste: "las personas dicen que perdés una hija cuando ellas se casan, pero yo digo que gano un hijo".
Y, como un hijo, me trataste desde entonces.
Y la verdad es que no verás lo que estoy escribiendo acá, ahí en el otro lado todo debe ser distinto. Pero dejo mi registro de lo cuán grande fuiste, de lo cuán fuerte e increíble fuiste y soy feliz por habertelo dicho varias veces lo mucho que admiraba que cuidaste y educaste a tus hijos solo, cosa que pocos logran hacerlo.
Oro para que sientas la tranquilidad de un padre que sabe que sus 2 hijas, las "Mellis" como decías, han crecido lo suficiente y han encontrado compañía en esta vida y en toda la eternidad. Y serán cuidadas. Seré aun mejor tío para tus nietos. Un mejor nieto para la Abu.
Siempre hablabas del día en que ya no íbas a estar, pero nunca mencionaste lo doloroso que sería. Ahora, ya no hay camión que lavar, ni quien haga las tortas de cumpleaños. Pero hay recuerdos felices y un gran legado dejado por ti.
El pensar en que partiste un día antes de tu sellamiento en el templo, de lo que más decías que un día te casarías allí, me hace recordar las palabras del himno, uno de mis primeros himnos aprendido durante la misión, que dice:
"Aunque morir nos toque sin llegar,
¡oh, qué gozo y paz!
Podremos ya, sin penas ni dolor,
con los justos morar.
Mas si la vida Dios nos da,
para vivir en paz allá,
alcemos alto el refrán:
¡Oh, está todo bien![...]
Tu tan repetida frase: ¡todo va a estar bien chicos!
Ha sido tu forma de hacernos saber que el Señor está al mando. Y tu vida lo ha demostrado que sí.
Te extraño "gordo mala onda" como siempre te decía porque te burlabas de mí y luego nos reíamos juntos.
Espero que ahí dónde sé que estás, sea tan lindo cuanto me imagino que lo es y que la paz te acompañe.
Con amor, tu "yerno favorito"!