La conmovedora historia de uno de los animales más emblemáticos del zoo de Luján
Tras años de soledad y un encierro extremo en una diminuta jaula, el oso pardo Gordo finalmente dejó atrás el ex Zoo de Luján para iniciar una nueva vida en Bulgaria. Junto a otros dos ejemplares rescatados, su llegada a Europa marca el fin de una etapa de padecimiento y el comienzo de su rehabilitación en un santuario rodeado de bosques y nieve
Detrás de los barrotes del que alguna vez fue el zoológico de Luján, la figura de Gordo se convirtió en un símbolo de resiliencia y, al mismo tiempo, de un abandono profundo. Este oso pardo de 16 años, nacido en el Zoológico de Batán y trasladado a Luján siendo apenas un cachorro, vivió durante años una realidad que distaba mucho de su naturaleza salvaje.

En sus años de juventud, Gordo era recordado por sus cuidadores como un animal dócil y juguetón. Compartía sus días con Florencia, una osa con la que jugaba en la pileta y buscaba premios bajo el agua. Sin embargo, la muerte de su compañera hace varios años marcó un punto de inflexión trágico: la soledad despertó en él una angustia que lo volvió más fuerte y agresivo. Ante esto, el confinamiento extremo fue el resto de su vida.
La situación de Gordo llegó a niveles críticos cuando fue trasladado a un recinto minúsculo. Luciana D'Abramo, directora de Programas de Four Paws International, describió la escena con dolor: "lo pasaron a una jaula que es prácticamente como una de transporte de circo. Fue muy doloroso ver a un animal tan grande y potente reducido a un espacio tan pequeñito". En ese estrecho lugar, el oso enfrentó un sedentarismo forzado que lo llevó a una obesidad severa de 350 kilogramos, unos 100 kilos por encima de su peso ideal.
Pero el daño no fue solo físico. El informe de los expertos que lo evaluaron fue tajante: "Gordo es poderoso, fuerte y majestuoso, pero desgarradoramente triste". Durante sus noches de soledad, el animal mordía los barrotes de su jaula en un intento desesperado por libertad, lo que le causó daños dentales severos que arrastra hasta el día de hoy.
El camino a la libertad: de Luján a Bulgaria
La suerte de Gordo cambió en septiembre de 2025, cuando la organización Four Paws asumió su tutela en el marco de una misión de emergencia para rescatar a los animales que aún permanecían en el predio clausurado en 2020. Tras meses de preparación, dietas controladas y chequeos médicos exhaustivos, el pasado 24 de febrero se concretó el hito: Gordo fue uno de los tres primeros animales (junto a la osa Florencia y la tigresa Flora) en ser trasladados a santuarios europeos.
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Hoy, el aire puro de las montañas búlgaras reemplazó el olor al cemento de Luján. En el Bear Sanctuary Belitsa, Gordo cuenta con un predio de doce hectáreas de paisaje natural donde, por primera vez en su vida adulta, ha comenzado a caminar sobre el césped y la nieve.
Aunque aún debe enfrentar tratamientos veterinarios por sus problemas dentales y articulares, su nueva realidad es un "golpe de esperanza". Como señaló D'Abramo tras el exitoso operativo: "esperamos que recupere algunos de sus comportamientos naturales e incluso pueda hibernar". A 12 mil kilómetros de distancia, aquel oso "emblemático" de Luján finalmente puede cerrar los ojos y soñar, no con el encierro del pasado, sino con la vida que recuperó entre los árboles.

Fuente: Gente


