Ecología 12 ABR 2026

Murió Flora, la tigresa que había sido rescatada del zoo de Luján y llevada a Europa: qué fue lo que le pasó

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Tras una década de cautiverio y maltrato en el ex zoológico de Luján, la felina logró vivir apenas 37 días de libertad en un santuario de los Países Bajos. A pesar de los esfuerzos médicos, una peritonitis severa terminó con su vida, dejando al descubierto las profundas secuelas físicas que el abandono y el encierro extremo grabaron en su cuerpo

El pasado 23 de febrero de 2026, una imagen conmovió al país: Flora, la tigresa que había pasado diez años confinada en una jaula minúscula, abandonaba la Argentina desde el aeropuerto de Ezeiza. Su destino era el Felida Big Cat Sanctuary, un centro de rehabilitación de la organización internacional Four Paws en los Países Bajos, donde se esperaba que pudiera sanar las heridas de un pasado cruel. 

La historia de Flora es el fiel reflejo de la crisis de bienestar animal en el predio de Luján, clausurado en 2020. Debido a que fue criada en un espacio tan reducido que no le permitió desarrollarse físicamente, se la conocía tristemente como la "tigresa bonsái". Las secuelas de su encierro eran atroces: al momento de su rescate, presentaba una severa atrofia muscular y tenía las garras encarnadas hasta el hueso por la falta de ejercicio y superficies adecuadas. Además, sufría el dolor crónico de un colmillo roto.

Antes de su traslado, un equipo de especialistas realizó una cirugía de emergencia en condiciones de campaña para extraerle las uñas dañadas y remover la pieza dental fracturada, intentando estabilizarla para el vuelo de más de 11.000 kilómetros.

Un suspiro de dignidad

En Europa, Flora conoció por primera vez lo que era el respeto. Los reportes de sus primeros días en el santuario eran alentadores: se adaptó rápidamente, disfrutó de su primera cama de paja y pasaba largas horas descansando en una hamaca bajo el sol. "Pudo caminar en libertad y pisar la tierra que nunca había pisado", destacaron quienes la cuidaron en sus últimas semanas.

Sin embargo, a finales de marzo, su salud comenzó a deteriorarse. Los cuidadores notaron signos de dolor abdominal y una disminución en su apetito. Una evaluación médica de urgencia reveló un diagnóstico devastador: peritonitis severa (una inflamación abdominal aguda). Aunque el equipo veterinario se preparó para una cirugía inmediata, Flora falleció de forma inesperada la noche del 1 de abril. Una autopsia realizada al día siguiente confirmó que la causa del deceso fue la mencionada peritonitis.

Las marcas invisibles del cautiverio

La muerte de Flora generó un profundo dolor en las organizaciones que trabajaron por su libertad. Luciana D'Abramo, directora de programas de FOUR PAWS, explicó la complejidad de estos rescates: “Perder a Flora después de haber podido ofrecerle una vida mejor es desgarrador... Cuando un animal ha sufrido años de cuidados inadecuados, lamentablemente puede enfrentarse a riesgos significativamente mayores". Según la especialista, los problemas de salud ocultos a menudo afloran una vez que el animal ya no está bajo el estrés constante del cautiverio.

D'Abramo fue contundente respecto a la decisión de trasladarla: “Su traslado fue sin duda lo mejor para ella. Dejarla en las condiciones de las que fue rescatada solo hubiera prolongado su sufrimiento”. El fallecimiento de la tigresa vuelve a poner el foco sobre los más de 60 felinos que aún permanecen en el ex zoológico de Luján, muchos de los cuales se encuentran en condiciones de salud extremadamente frágiles.

Flora no tuvo los años de libertad que se proyectaban, pero murió con los bigotes en alto, habiendo sentido, al menos una vez, el calor del sol fuera de los barrotes que marcaron su vida. Su caso queda como un legado urgente sobre la necesidad de transformar el trato hacia la fauna silvestre en Argentina. 

Fuente: La Nación 

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