La joven de 26 años que sufrió el robo de su motocicleta con violencia, cuando dos maleantes la interceptaron cerca de su domicilio y le apuntaron en la cabeza para sustraerle el rodado en el barrio Güemes, relató cómo fue el episodio y, pese a que aún se repone del mal momento vivido, pidió que la gente “esté atenta” y que “tenga cuidado”.
La mujer explicó lo que se puede apreciar tras quedar registrado por las cámaras: “justo era tarde, solo pude identificar que era una moto 150 y que tenía color rojo en el tanque; en el video se ve mejor la moto y que circulaban dos, porque en la imagen parece que hay uno, pero son dos que están como pegados y por la ropa que tienen. Parece que pasa uno, pero doblan dos”.
Leé también: Motochorros, otra vez: le apuntaron a una joven en la cabeza para robarle su rodado
Recién este martes, con algo más de tranquilidad, se dio cuenta de que la seguían: “al parecer me venían siguiendo sobre Avenida de Las Montoneras, pero como a tres cuadras atrás. Me doy cuenta ahora, pensando, porque cuando venía en la moto veo por el espejo retrovisor y sé que como a dos cuadras venía una moto porque veía la luz, pero aprovecharon cuando doblé a acercarse y ahí fue donde me roban la moto cuando estaba llegando a mi casa”.
Destacó en diálogo con La Posta! Noticias que “sé que no soy la única en el barrio que termina sufriendo estos incidentes, es algo que parece que no se termina y no es el primer robo que sufro acá en el barrio y los vecinos también fueron víctimas. Creo que estamos todos ya cansados de la inseguridad que hay y de no poder tener nada, de trabajar para tener lo de uno y que esta gente te saque las cosas como si nada y que nadie pueda hacer nada”.
“Sinceramente es así, te quedás con la impotencia de no poder hacer nada y de seguir trabajando para seguir teniendo las cosas que no sabes en qué momento te la van a volver a sacar: más que nada que la gente tenga cuidado y agradecer que no me hicieron nada porque estaban armados”, concluyó con profundo sentido de conciencia y pensando en el prójimo pese a haber vivido el horror en primera persona.

