Seguridad 24 MAY 2026

"Fue una película de terror": un delincuente la persiguió, la golpeó y debió defenderse con una picana eléctrica

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Una mujer que se dirigió a retirar dinero del cajero automático ubicado en la sede de un banco cuando fue sorprendida por un sujeto que pretendía que utilizara otro terminal, a los gritos, para luego golpearla fuertemente con un casco y acusarla de estafadora al tomar un objeto que se le cayó a la víctima, quien se refugió en un comercio en medio de una crisis de nervios.

El hecho ocurrió varios días atrás, pero trascendió en las últimas horas. De acuerdo a la denuncia policial realizada en la seccional 1ª, el hecho ocurrió por la tarde, a las 15:30 horas aproximadamente, cuando Elizabeth se acercó para extraer dinero de su cuenta del cajero del Banco Santander Río, ubicado en Intendente Pedro Whelan N° 142, entre 2 de Abril y Carlos Pellegrini, cuando al apenas entrar observó a sujetos en actitud sospechosa, uno de ellos usando un teléfono celular.

Al ver esto, la mujer ingresó al interior del cajero utilizando el que se ubica a la derecha mirando de frente a los ATM, con su mochila colocada hacia el pecho. Pero cuando iba a realizar una extracción sin tarjeta, tocó la pantalla para utilizar la ayuda visual y el masculino le dijo (sic) “no utilice este cajero, utilice este” señalando hacia el terminal que se encontraba junto a otro individuo.

Miedo, reacción y golpes

Siempre según la denuncia, al no hacer caso de esto y cuando utilizaba el cajero donde estaba, el primer sujeto se le abalanzó gritando (sic) “te dije que no lo toques, te dije que no lo usaras”; en ese momento la mujer extrajo una picana negra 800TYPE -de venta libre-, con mucho temor a que el sospechoso le hiciese daño, por lo que le manifestó que se alejara. Pero al llegar la mujer a la puerta, el individuo la golpeó con un casco que tenía en una de sus manos, impactándola en parte de la cabeza y en el brazo derecho.

Elizabeth, con fuertes dolores en las zonas golpeadas y en la nuca, logró salir de la entidad presa de una crisis de nervios y llanto. Como tenía su mochila abierta, se le cayó su sello personal, que fue levantado por el acusado, quien a los gritos señaló: (sic) “este es el dispositivo USB con el cual clona las tarjetas, es una estafadora”, mientras la mujer buscó refugio e ingresó a un local de venta de ropa.

Por último, en la presentación ante la Policía consta que las empleadas del comercio cerraron la puerta del local, quedando el sujeto en la entrada, justo cuando llegó personal de Control Urbano; en ese momento también apareció un segundo individuo, al parecer conocido del que la agredió.

La víctima señaló que temió por su integridad física, debido a que el sujeto la agredió tanto físicamente como verbalmente, sufriendo además hasta mareos producto del golpe sufrido.

El terror en primera persona

Más adelante, en diálogo con La Posta! Noticias, Elizabeth contó que “me quisieron robar en el cajero del Banco Río. Llevo obviamente un dispositivo de seguridad y pude zafar; me refugio en un local pero me encontré con lo peor que es la no empatía de las empleadas, totalmente denunciable y repudiable”, agregando que estaba a la espera de la Policía y a la empleada “lo único que le interesaba era despejar el local, pero jamás vi algo así: no tanto por el delincuente porque se nota que es una persona que no está bien psiquiátricamente sino por las empleadas del local, que si hubieran podido me hubieran dejado en manos del delincuente para que me terminara de golpear”.

Resaltó que “en tiempos de inseguridad el mayor veneno es este tipo de violencia, la no empatía, ni siquiera reconocerse entre mujeres ante el pedido de auxilio”, al tiempo de señalar que en el local siguió “tolerando el desprecio y el intento insistente de pedir a los chicos de Tránsito que sean ellos quienes me acompañen a la comisaría”. Y que una de ellas “le pidió a la Guardia Urbana que me sacaran del local, cero empatía”.

Hay más: según afirmó, “en mí presencia llamo a su ‘jefe’ diciendo y acusando que yo le había robado al muchacho y que me metí en el local”, experimentando “una impotencia que no se imaginan”.

Al referirse a su defensa con la picana de venta libre, aclaró: “me salvó la vida, sin dudas”.

Fuera de sus cabales

“El tipo me acusaba de haberle robado 300.000 pesos y luego decía que eran 40.000; deliraba, pero algo me dice que posiblemente es lo que había robado anterior a mí. Lo que me generó aún más el shock, es que me persiguiera por la calle, tal cual una peli de terror”, indicando que el sujeto “decía tiene una (pistola) Taser, cuídense y obviamente que no lo es”.

“El delincuente -consideró- parecía tener un desorden psiquiátrico; me golpeó en la cabeza y en el brazo dentro del cajero cuando quise escapar. Y me persiguió por la calle, gritaba que yo era estafadora, que tenía una Taser y que era peligrosa…”.

Sumó a su relato, a esta altura con angustia, que “nadie me dejaba entrar, desesperante” y que entró “a ese local porque estaba la puerta entreabierta”.

Elizabeth, en tanto, agradeció a quienes la ayudaron: “de 10 el Municipio, Tránsito, la Urbana y la primera, una contención total”.

¿Hubo más casos?

Asimismo, la mujer contó a este medio que “mientras esperaba la copia de la denuncia, se acercaron dos mujeres queriendo denunciar robos que sufrieron un rato antes que yo, al enterarse de lo que había pasado y la coincidencia con el delincuente”.

“Debe haber habido una ola de delitos similares. Yo pude defenderme con un dispositivo de seguridad tipo picana-linterna de venta libre que siempre llevo en el bolso; el delincuente llevaba una sevillana en su bandolera. Activé el dispositivo apuntando hacia arriba para evitar que me hiciera daño, no lo activé en su cuerpo”, concluyó.

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