El emotivo adiós a un vecino rodriguense amante de lo tradicionalista y "gaucho de ley"
Profunda congoja y dolor provocó la noticia del fallecimiento de Don Juan Santiago Bo, nacido y criado en General Rodríguez, vecino del barrio Mi Rincón, amante de lo tradicionalista y gaucho de ley “de los de antes”, quien dejó una huella imborrable tanto en su familia, amigos y allegados como en centros donde se mantienen en vigencia lo autóctono y lo folclórico.
También fue muy reconocido en el ambiente de los caballos de trote, logrando importantes premios en Ituzaingó y Navarro años atrás. Conocedor como pocos del Rodríguez de antaño, supo ver el crecimiento del distrito con mucha emoción.

Nacido el 3 de julio de 1940, Juan Santiago Bo -85 años- falleció este domingo. En total eran tres hermanos, dos varones (Juan y Julio César) y una mujer (Isabel). Solamente Julio sigue con vida.
Juan Bo tuvo tres hijos: Juan Manuel, Roxana y Martín. Supo cosechar grandes amistades que lo recuerdan con profunda admiración. “Un hombre tradicionalista de la vieja escuela que fue olvidado en estos tiempos modernos”, señaló su amigo Juan Manuel Escalante.
Varios centros tradicionalistas del distrito le brindaron su último adiós, el Círculo Tradicionalista Las Espuelas (de la que fue uno de los fundadores) y La Posta de Peralta, por citar dos ejemplos, quienes le dedicaron mensajes cargados de recuerdo y cariño.


Sentidas palabras
Uno de sus hijos (también llamado Juan Bo, quien vive en Venado Tuerto, Santa Fe) lo describió con palabras muy emotivas a través de sus redes sociales: “Viejo querido, te fuiste y este fue tu último paseo gaucho en los pagos de Navarro. En un pingo nuevito de freno domado por tus propias manos. Siempre te admiré por la forma de sobrellevar la vida, porque a pesar de no tener estudios tuviste todo lo que te propusiste, a los 14 años empezaste a marcar tu propia huella atrás del yeguarizo de feria en feria y de estancia en estancia. A pesar de no tener campo propio llegaste a tener dos tipos de manadas de yeguas, algunas vacas cría, las lecheras, majadas y algunas chachas”.

Además, lo recordó como “colaborador de tantas fiestas en la provincia de Buenos Aires siendo apadrinador, en otra tropillero, echando de tu propia manada”.
“Siempre recuerdo el 312 que tenías con la jaula de madera ya que yo siendo muy chico aprendí a manejar en él, en ese mismo un día emprendiste un viaje de locos, que duró 5 días para buscar unas yeguas y un padrillo que se vendían de trote a los cual lograste sacarle provecho para iniciarte de criador y tantas cosas más”, agregó con nostalgia pero con profunda gratitud.

“Me quedo con los mejores momentos que vivimos juntos, gracias por dejarnos este cariño por lo tradicional”, concluyó.
Su legado: el amor por lo tradicional y por las costumbres criollas. Sin dudas tanto en barrio Mi Rincón como en el resto del distrito se dirá, sin lugar a dudas, que sus palabras y su don de gente harán mucha falta.


