Política Ecología 15 MAR 2026

El fin de la "Ciudad del Buen Aire": desforestada sociedad, al quiebre de la historia ambiental de la ciudad

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El fin ya está planteado. Solo falta tiempo, ese factor que ni con su paso lento ya alcanza a esconder la velocidad de la depredación que crece al fuego de los negocios y la indetenible explosión demográfica de la ciudad. Algún día, alguien dirá: ¿De qué murió ese Rodríguez del que nací o al que me mudé? ¿De mi desdén? Seguro que no...

 Ese Rodríguez "verde, lleno de naturaleza, aire limpio y paz". Se dirá cuando sea demasiado tarde, pero la respuesta quizás quede, como mucho, enterrada en las quemadas páginas de los "relatos salvajes" de estas épocas, donde seres que ya no habitarán probablemente este distrito en 30 o 50 años, ya no tendrán que dar respuestas a los adultos o chicos de esas épocas. Ellos tampoco extrañarán lo que jamás conocieron. Para ellos, esta ciudad será lo mismo que las de la mancha de Conurbano que lentamente se comió a todo el corredor Oeste. A lo sumo, con algún refugio lejano ubicado como pequeña reserva de lo que algún día fue, repleta de plaquetas en la entrada, más un respiro, que un logro.

Lenta y segura muerte es esta que causa tanta impotencia como la mismísima y finita vida humana, aunque a algunos coterráneos parezca serles indistinta, vista desde la diferencia que no advierten, entre la omnipotencia del hoy y la trascendencia de una época en la cual no estaremos. Saquemos jugo a la naranja bien rápido, antes que el que viene se lleve lo que queda.

¿Se trata de evitar el progreso? No, para nada, si necesitamos más infraestructura y emprendimientos. ¿Pero está mal preguntar cuáles convienen y cómo se controlan y armonizan? Se trata de no pasar por arriba de la naturaleza de modo inconsciente y berreta, de dialogar en soluciones y que esas soluciones se cumplan, que no sea un verso para calmar la angustia hasta que es demasiado tarde. Que el discurso deje de ser palabras y se pase a hechos verificables, que haya datos para contrastar y sea un debate sincero, no un circo para negociados de pocos. Terminar con el paño de opacidad y transparentar la realidad que nos arrasa para mirar si estamos yendo a donde nos conviene.

Y así viene "pelándose" el distrito en los últimos 10 o 20 (o quizás 30) años a una velocidad que no se compara con la de su infraestructura (mucho más lenta), mientras cada vez requiere más obras hidráulicas para compensar la falta de absorción del suelo y extraña el aire limpio que era marca registrada de los barrios en toda la historia. Si siente que ya se había percatado y que no hay novedad en esto, lo entendemos. Pararse a gritar una editorial como la presente en esta película acelerada se siente como ser El Abuelo Simpson gritando a una nube.

Ocupación a ocupación, negocio a negocio, ladrillo a ladrillo, la mancha será obra y será pared, será bonito en segmentos, pero todo atolondrado, atomizado, inconexo, caótico, incoherente, impredecible. Sea con inundación, o perfumando sobre el hedor de la basura, con calor de cemento o con baches y escapes libres, con agua con arsénico o con gusto a cloro, doloroso para el oído o para la vista, será realidad permanente, mientras siga para donde apunta. Como cualquier estafa, el tema es escapar a tiempo.

Todo tiempo pasado... 

  ¿Creés que es nuevo? ¡Antes era otra cosa! Pero no, esto ya se firmó hace rato nos contó un colega con varias canas encima hace más de una década, al relatar que cuando se dividió mal el distrito en rebanadas mal cortadas hace más de 50 años, había parcelas que no tenían sentido en décadas donde la ciudad ya se veía atomizada. ¿Y cuál fue el fin? Subir precio a tierras vacías y generar ventas rápidas con compradores de tierras que jamás las cuidaron, ni dieron apropiadamente a sus descendientes, lo que abrió paso a más décadas de negociados que se aceleraron, para que "pillos", intermediarios y conocedores se fueran haciendo de contactos para hacerse "la América" en las siguientes generaciones, marcando el fin del crecimiento endógeno y dando paso a la "Conurbanización". Cada generación aprendió y aceleró. Un negocio, un contacto, un favor, "clink, caja". Y la política, al frente, ya que eso traía votos y recursos por derecha e izquierda.

 Los ganadores de la estafa, de hecho aparecerán en muchas de las "páginas blancas" de la historia. Enarbolados en placas y fotos. Seguro no son los primeros. Siempre cerquita de la idea política del dominio territorial, que es más barato y fácil con el que tiene menos, pero también con el que tiene mucho. Los extremos, se tocan. Y no piensan tan distinto como "se vende", ni tienen reservas de ideología. Y así se terminó el Gral. Rodríguez donde todos los niveles sociales iban a la misma escuela pública o privada, que igualaba un poco (si bien siempre se marcó muy bien la diferencia de pertenecer y no pertenecer al "club de amigos").

La incómoda búsqueda de la "culpa" vs. la comodidad de "la banelco"

Ahora, algunos que ya no soportan el olor a la peste creada, se desentienden, niegan sus pasados y niegan conocimiento. "Yo no fui", dijo Bart. Declaremos la demencia colectiva. No saben, no contestan. No estaban, estaban en otra cosa.  Como un testigo de choque, desaparecen cuando llega la policía. Así, todo lo que está mal, es mágicamente culpa de gente desconocida que llegó acá hace 10 minutos. Aquí, nadie vio venir nada, nadie participó, nadie lo usó y nadie estuvo de acuerdo, nadie sacó provecho o se llevó una utilidad. "Otro tiene la culpa". ¿Qué otro? Otro, nadie sabe. Qué mal tipo ese otro.

 Donde nadie asume responsabilidad, nadie tiene la culpa. Donde nadie tiene la culpa, la tenemos "todos". Gran bálsamo de conciencia decir que "estamos todos en el baile, ya no hay nada por lo que disculparse, además, la generación que viene ¿qué sabe?... Lo sufrirá, pero si no le contamos que no hicimos nada, ¿Qué nos podrán reprochar? ¿Quién les contará las páginas de la historia negra? No sean buchones".

Eso no se cuenta, los libros de historia solo muestran desarrollo, familias felices y políticos que inauguran cosas. Como el caballo blanco de San Martín. El burro y la mula, no entran en el cuadro. Algún loco habrá querido contar La Posta, pero ¿quién va a creer, valorar o accionar un cambio, si a nadie le conviene? Que se lleve la bronca. Por "anti". Ya otros han pasado por ser "anti" y más temprano que tarde, entraron al sistema. Ser "anti", agota. Demasiado problema cuando los lemas de las tarjetas de crédito te dicen todo. "Pertenecer, tiene sus privilegios" (Amex). Podría uno postular,  pero "la ética, no tiene precio" y la respuesta sería, "para todo lo demás, existe Mastercard"

Amor verdadero y la incómoda culpa

En esa generación que se vendió por buena, muchos NYC (nacidos y criados) "la saben lunga", pero afirman que a la ciudad se la quiere así como es. Fallida y con sus miserias. Pero que te quieran como sos, no siempre es bueno. A veces, hay gente que es tan mediocre, que quiere verte tan mal, como hasta donde lleguen sus mediocres ambiciones y apetencias. A veces, el que te quiere en serio, puede ser el que te dice que vas mal, que podés ser más, o mejor. Pero tenés que enderezarte y no es fácil. Pero el que está adicto a ciertas conductas, puede que le duela y prefiera negarse, al punto de abrazar al que lo quiere como es, ahorrando el esfuerzo que requiere el cambio. En el fondo, esa gente odiaría verlo mejor, eso mostraría su mediocre intervención, que aún pasa desapercibida.

En esta ciudad se publica un choque y casi nadie quiere tomar nota de las responsabilidades, todos quieren rápidamente ponerse a "echar culpas". Ahora, a la hora de buscar culpables a los problemas colectivos engendrados sin pausa en décadas de obviedades (de los que participamos por acción u omisión, por vagancia o conveniencia), ahí, los defensores de las tradiciones y los buenos nombres saltan todos juntos en defensa comunal, cerrados como el catenacchio y con más hermandad solidaria que la de la fila de autos que se hacía en "Un Sol para los Niños".

De golpe, todo tenía justificación (sin presentación de papeles al área pertinente), los eucaliptos o casuarinas, o cualquier especie no autóctona, parecen ser tan despreciables que hay gente que los ve más peligrosos que un motochorro, como si no se pudiera evaluar el riesgo o edad de cada uno. O si después de décadas que están, hubiera que salir apurados a voltear medio monte (ese mismo monte de Thays que tantos visitantes y mudanzas trajo en la historia local) o cualquiera que quede en pie, sin diferenciar sano de enfermo, sólido de peligroso, o joven, de pasado de edad.

Hace recordar al capítulo de Los Simpsons en el cual la industria cárnica trataba de convencer a los alumnos de que "si una vaca pudiera, te comería a tí y a toda tu familia". Claramente no hace falta defender un negocio inventando un falso enemigo con ramas. Alcanza con decir, este es el plan de impacto y este el de remediación y contemplar su suficiencia y plazos de cada caso.

Acusaciones de demagogia, con mucha... demagogia

Como ciudadanos, no compartimos mucha cultura local rodriguense, la mayoría de la gente ni sabe muy en detalle dónde vive más allá de su zona, pero muchos señalan que tenemos una práctica común muy clara: la del placebo de la demagogia. Dulce droga placebo. Los mismos sectores que atacan por cuestionar el voraz avance sin control, también sufren consecuencias de este modo de vida en otros ámbitos, pero quizás no "saltan" del mismo modo.

 Nos quejamos bajito de todo y de todos, pero nos saludamos como "señores" por la calle, mientras disfrutamos del conventillo de contar el chusmerío en el kiosquito (donde todo se sabe y se dice, en sorna y con sonrisas socarronas), luego nos abrazamos con victoriosos y captores guiñando un ojo y los congratulamos al pasar por sus despachos de poder y cada día tapamos la cagada como los gatos, pero con polvo del mañana que no pudo ser. Todo bonito hasta que alguien lo hace público y empiezan las cadenas de indignados. 

Y así sigue todo hasta que se haga cargo otro del lío, que para que explote como el Sr. Cobranza de "La Bersuit", falta mucho. Esperamos que algún pedacito del queso caiga para nuestro lado para justificar a los amos (del lado que los guste elegir) y hasta ahí llegamos.

Y antes de empezar a sentir la incomodidad del ataque de culpa, nos decimos también colectivamente: "ojos que no ven...". Y así van circulando al trote las pequeñas criaturas especiales de Dios en la ciudad, demagogos como Eddie Barzoon en El Abogado del Diablo (ver video, si no la viste)

¡Qué alivio! Ya es mañana y podemos decir "hijo, no pudimos hacer nada, qué íbamos a saber, es una pena, pero en algún video o hemeroteca, podés ir a ver cómo era la ciudad hermosa que vimos desaparecer. Pero era linda, eh. No sabés cómo, hijo, yo la re disfruté. Lo lamento por vos, querido, que te la vas a arreglar solo y por los que vengan después, ni te digo. Yo ya me tengo que ir, imaginate, yo vine a disfrutar en esta vida, no quería arruinármela y que me dejen afuera de todo. La estafa piramidal del tiempo, sigue, ya sabés bien la lección que te dí y no te desanimes ¡mirá el lado positivo! al menos, no sos tu nieto".

La política actúa en mímica con la sociedad: yo, argentino

 Desde ya, no hay representantes políticos electos que hayan hecho mucha referencia culposa al tema general del desarrollo atropellado, que no modifica, sino que arrasa, que hace sin preguntar y que se adjudica los logros mientras patea los fracasos. De hecho, si la mencionan, es para intervenir en usarlo para más ventaja. Es que hay algo en lo que parece ser una mirada única entre los 20 representantes del legislativo y los de capacidad de decisión en el Departamento Ejecutivo, es como "El Club de la Pelea", la regla N°1 es "no hables del club". Quizás podríamos cambiar la palabra "pelea" por otra más apropiada. Busquen alguna en estilo de las que decía Darín cuando mencionaban los delitos de la calle en "Nueve Reinas".

Pero para lidiar con las sociedades de poder elegimos representantes, ¿no? Bueno, tampoco sobran afuera referentes que lo mencionen, más que alguna mirada tímida o superficial. No conviene. Por un lado, ¿cómo hacés campaña después? Es que ni la sociedad en su conjunto se lo plantea. Por ejemplo, en lo ambiental (que no es el único tema afectado) los intentos de sensatez se limitan a espacios chicos como El Monte del Hospital, "El Poli", o "La Reserva".  Porque la lucha ya está perdida de espíritu y porque en realidad, tampoco hay convencimiento en la utilidad de la preservación. Ya no hay ese apego, ni ese amor. "Mucho riesgo y el resultado no es para mi", "cuidá lo tuyo, tus ahorros, tu culo", diría el personaje de Darín.

La misma sociedad que cortó la autopista para "evitar que venga el CEAMSE al distrito" hace una década y media, no encuentra ninguna resistencia a la depredación absoluta de cada espacio verde que pise espacio público o privado, a pesar de que el "Google Maps / Google Earth" muestren como el satélite pasa de verde a gris y marrón cada área. Y la juventud actual está desconectada del pasado y abrumada en dispositivos pasatistas que le muestran la tragedia lejana y casi nunca la de a una cuadra.

Los "ultras" solo sirven para avalar la continuidad

 No se trata de cancelar la inevitable llegada de la urbanización y el desarrollo que además, tanto requiere la ciudad. No somos monjas de monasterio, ni menonitas. Se trata de poner ciertas barreras que lleven al menos, a replantear cuántos espacios y ejemplares se pueden salvar, cuántos podemos hacer un esfuerzo en incorporar, cómo planificar algo que sea mejor hilado, más uniforme. Que no haya que hacer 10 kilómetros para ver una plaza o patear una pelota con un hijo. Tres escuálidos árboles nuevos sin futuro cierto en una punta de la ciudad no suplantan, ni aseguran la supervivencia de uno de 40 metros con más de 50 o 70 años de desarrollo, ni nos acelera el tiempo de vida a los vecinos para verlo ya crecido. Ni visualmente, ni a nivel del oxígeno liberado que necesitamos a cada minuto, como ya nos comentaron expertos en la materia (ver este enlace).

Insospechada sería la aparición en este marco de gente que se pone en una meta tan alejada, "hippie" o negada que, por extremista, se saca toda chance de intervención. Esa gente, a veces sin saberlo, otras sabiendo, van a terminar sirviendo para una sola cosa: atacar a los que buscando lograr avances, tengan pequeñas victorias, retrasos en el ritmo de la depredación. Los atacarán hasta que no quede uno. Unos porque ya están dentro. Otros, porque quedaron afuera. Otros por mero deporte. Así reinarán en su lógica de quejarse desde lejos, pero no hacer nada. Otros, tratarán de negociar entre reproches "por las buenas", a veces logrando cositas, aunque ciertamente, muchas veces siendo usados o presionados por "el club". El que se exponga a pelear será víctima más de sus congéneres, que por la lógica opuesta.

Y finalmente llegan los más sinceros de los entreguistas, los que aceptan el avance a cualquier costo, o los que "quieren creer" sin necesidad de ver un dato o dolor ajeno. Gente que se pone una violenta cinta en la frente para pelear como Rambo, pero antes de empezar, se la bajan dos centímetros para no tener que observar ninguna prueba de daños. Justificarán lo que sea. "El árbol causa inseguridad, las hojas del árbol, mugre. El Estado no lo limpia, no lo cuida, mejor, sacar todo". Si no es espacio público, "se puede hacer lo que se quiera, dejen laburar, es progreso, corta la bocha". 

Regulación e ideología: el debate laberíntico para desviar, dividir y desmotivar

¿Seguro no se puede regular nada en espacio privado? Para el ambiente, quizás, porque bien que el Estado sí regula la cantidad de pisos que tiene un edificio, o zonifica una actividad según conveniencia. Para recaudar, puede. Y está perfecto, se requieren recursos. Pero entonces, sí se puede regular. Pasa que el ambiente tiene poco lobby, todos los poderes quieren quedar bien por marketing. Es demasiado técnico el tema y la frutilla del postre es que encima, acá lo que debiera ser para cuidar (ordenanzas útiles), a veces se usan para impedir o para sacar provecho por izquierda. Hecha la Ley, hecha la trampa, la pucha.

¿Creen que es un tema ideológico? No saben cuántos amantes del "Estado Presente" defienden lo privado si hay que cuidar un negocio que recauda, si se pone en frente a un límite ambiental. También hay de los "liberales" privatistas que van a ir hasta "la Haya" si por casualidad, salen perjudicados en su country por un parque industrial lindante. Los separa la ideología, los unen los intereses y la demagogia. Los necios no buscan la verdad, pueden teñir lo que sea de su intolerancia o conveniencia y cambiarlo luego sin reparos con asombroso contorsionismo. El mero ejercicio de dialogar y pensar les es aterrador, por falta de capacidad o fanatismo.

Y el tiempo no para

Pero no, que pase en un espacio privado gigante que busca mayor margen económico (o miles de patios de casitas por ignorancia) no cambia la mirada crítica para intervenir en el futuro de una ciudad, que cuando ya era un pequeño infierno en ciernes o por venir (si, aún sin "los traídos de afuera"), aún traía en la memoria que el olor a azufre era más imperceptible al salir a la calle, donde daba ese airecito a pueblo que guardaba esa melancolía de la paz que traían los pajaritos, el verde, las plazas, los campos, el aire y ese plácido paisaje que daba ver la estación.

Un airecito que te llevaba a hurgar rincones que hasta desde los edificios no podías ver por los altísimos árboles que tapaban ese horizonte, que desde la terraza del Torre Sol, por ejemplo, permitían preguntarse qué había escondido en cada punto cardinal detrás de esa poderosa vegetación en esta misteriosa ciudad, llamada "La Ciudad del Buen Aire", de cada lado que soplaba el viento. 

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